¡Segundos fuera!
Por José Vicente Araújo • feb 8th, 2008 • Categoría : Destacados, Primera •De chico era más o menos frecuente que en casa viéramos algún combate de boxeo en la TV. No era aún un deporte tan estigmatizado como hoy y lo emitían a horas en las que aún estaba despierto. Por lo general me aburrían bastante, pero me encantaba la parafernalia. El ring iluminado, el árbitro con la pajarita cantando los nombres y pesos de los púgiles, la ceremonia de los guantes, el ¡ding! urgente de la campana… Vamos, que me gustaba todo menos el combate. No por razones morales, que vivíamos tiempos de incorrección política, sino porque me parecían largos y aburridos. Por eso y porque, como en todo deporte de competición, me daba igual quién ganara. Es un defecto de mi carácter que me ha impedido disfrutar de placeres tan comunes como ser del Logroñés cabalmente o meterme con los del Madrí con odio auténtico. También me fue alejando del boxeo cada vez más, ya se sabe que la fascinación tiene la vida más corta que el aburrimiento.
Por eso todo lo poco que sé de ese deporte se me aparece filtrado por aquella mirada no tanto ingenua como ignorante. Por ejemplo, la expresión segundos fuera siempre la relacioné con la urgencia del tiempo que se agota, creyendo que se refería a los últimos segundos del tiempo de descanso. En realidad es una orden a los subalternos de los contendientes, sus segundos, de abandonar el cuadrilátero. No indica el final del descanso sino que empieza el asalto. No es lo mismo.
Curiosamente aprendí todo eso al inaugurar uno de mis primeros blogs. Su primera entrada se titulaba así, Segundos fuera. Quería ilustrar ese post con una imagen que reflejara el vigor y la decisión de quien salta a la lona a dar y a recibir, así que acudí a Google buscando esa instantánea. No la encontré, como tampoco ahora, pero sí un texto explicando el verdadero significado de la frase (al parecer mi error era bastante común). Me pareció mucho mejor así, a la luz de su nuevo sentido: llevaba semanas tratando de dar al blog el aspecto y las funcionalidades que quería, trabajando en la trastienda, peleando con un código que entonces me resultaba bastante espeso. En el momento de escribir aquella nota, el trabajo subalterno de poner la maquinaria a punto había terminado. Ahora había que saltar bajo los focos.
Como se verá, es una anécdota bastante ñoña. Nada que sirva para atrapar la atención de la más guapa de la barra, pero que me sirve para recordar para qué se mete uno en esto de escribir blogs: no para contar cuánto sabes, sino para aprenderlo primero; no para explicar cosas a los demás, sino para tratar de entenderlas antes tú mismo. De las alegrías que como blogger haya podido obtener, que las hay, la mayor es esa.
Recordádmelo si notáis que la moral decae.
Lo dicho: ¡SEGUNDOS FUERA!
José Vicente Araújo es el andoba que trajina estos sueltos
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