Sumamos para mejorar

Winston dejó caer los brazos de sus costados y volvió a llenar de aire sus pulmones. Su mente se deslizó por el laberíntico mundo del doplepensar. Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria en cuanto se necesitara y luego olvidarlo de nuevo; y, sobre todo, aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo. Ésta era la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había realizado un acto de autosugestión. Incluso comprender la palabra doblepensar implicaba el uso del doblepensar.

Esta mañana al volver del trabajo me asaltó uno de los numerosos anuncios con los que la Junta de Andalucía nos alecciona a diario sobre las bondades de vivir bajo su amparo. Sumamos para mejorar, decía, y pasaba a enumerar con entusiasmo los sumandos del comienzo de curso: becas + idiomas + profesores + ordenadores + libros + transporte. La suma les sale a ellos = educación de calidad.

Me palpé las carnes. ¿En qué oscura dimensión ocurría todo eso? Ah, no, en Andalucía. Entonces debo estar equivocado. La Junta se está gastando una pasta en contarnos esto, así que debe ser cierto. Y si lo es… hay un grupo de falacias que debo erradicar de mi mente. Procedamos.

Cancelación de los proyectos TIC y bilingüe
Tras un buen montón de horas de trabajo a lo largo del año pasado, este septiembre nos recibe con que ya no es posible solicitar ninguno de estos proyectos. Se ha cerrado el grifo. No money for computers, pal.

Reducción de grupos, aumento de las ratios
La ratio máxima en andalucía (el número máximo de alumnos por aula) es de 33. En la práctica, la ratio mínima también es de 33 alumnos por aula. Esto supone una media de 1’8 minutos de atención personalizada. Aunque, como es obligatorio pasar lista al comienzo de clase, la cosa más bien se acerca al 1’6, unos 96 segundazos por cabeza.

Deficiente dotación de los centros
El mobiliario de los centros es antiguo y está lleno de remiendos. Ayer dos alumnos míos recibieron clases de pie (no sobre el pie, sino en posición bípeda). En muchos centros la demanda de espacios se resuelve provisionalmente con aulas prefabricadas. Léase el adverbio en cursiva con mucho retintín. El sintagma chabolismo educativo no ha dejado de pronunciarse, y no siempre demagógicamente.

Burocratización de la enseñanza
Si algo han conseguido las administraciones educativas en este país con tanto bandazo legislativo y tanta burocracia es que el profesorado en pleno haya abandonado sus apuntes para refugiarse en los libros de texto. Elaborar una programación que cumpla todas las normas y recomendaciones es todo un curro. Si además sabes que la vigencia de ese trabajo será mínima, pues ya me dirás. Las editoriales te resuelven la papeleta: ya tienen un equipo de redactores que están al quite de los vaivenes de la administración y te mastican un bocado de los viejos conceptos con otro bocado de la nueva jerga y ¡zas! Trabajo hecho. Así que cuando se te ocurra sentirte agradecido por el chequelibro (que no paga los libros de ejercicios, por cierto), intenta recordar si no hubo un tiempo en el que algunos profesores no usaban libro, sino apuntes.

Quedan pues identificados los errores, que es el primer paso para corregirlos. Pondré todo mi empeño en recordar la fórmula correcta: becas + idiomas + profesores + ordenadores + libros + transporte = educación de calidad. Sumamos para mejorar. Y, por supuesto, amamos al Gran Hermano

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