Desenmascararse

Sigo desde hace algún tiempo el perfil de Facebook del artista Francesc Torres, perfil que usa para plantear reflexiones, compartir hallazgos y pensar en voz alta (no tanto para la autopromoción, como demasiados otros).

Hace unos días alertó sobre la publicación de un texto de Avelina Lésper como ‘aportación a Podemos’. La duda era si el texto había sido aprobado en algún círculo y si en algún grado reflejaba algo parecido a una postura oficial de Podemos con respecto a la cultura y el arte.

Lésper se ha hecho popular como azote del arte contemporáneo, al que acusa de manera bastante indiscriminada de ser una estafa, metiendo en el mismo saco a especuladores, críticos, artistas, coleccionistas, políticos… Nada nuevo en realidad, un nuevo episodio de pompierismo internacional. La formulación de su ‘manifiesto Podemos’ recoge bien la línea de sus posiciones habituales, al menos hasta donde la he leído, que tampoco ha sido en extenso. Fundamentalmente compone una propuesta superficial y ambigua que mezcla aspectos en los que es fácil estar de acuerdo (la denuncia de la utilización del arte como valor especulativo fácilmente manipulable) con otros claramente reaccionarios, caprichosos y dirigistas.

El análisis de Torres sobre el mencionado manifiesto la desenmascara bien, y la discusión generada por su respuesta tiene interés propio. Pero lo que me ha llamado la atención es la parte que se centra en el funcionamiento de los círculos Podemos.

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Dos días en la piel de un antidisturbios

Cuando preparas un tipo para Carnaval preparas algo más que una indumentaria: eliges un punto de vista. Si vas de puta vas a tener que vender tu culo, al menos en sentido figurado. De lo que puedes estar seguro es de que te lo pedirán. Así que cuando este año elegimos el de antidisturbios sabíamos que era lo más punk que habíamos hecho en mucho tiempo. Que nos insultarían, nos escupirían, nos tendrían miedo y, manda huevos, sólo íbamos a caer bien a los que nos caen mal.

 

Así que nos echamos a la calle con toda la parafernalia y los ojos abiertos. Y esto es lo que aprendimos:

  1. La peña está más que dispuesta a sacarle las tripas a quien no se defiende. Vale, nos insultaron, pero mucho menos de lo que nos esperábamos. Hasta habíamos ensayado una maniobra de retirada, por si las cosas se ponían feas, que no tuvimos ocasión de poner en práctica. En cambio al pobre Martínez le dieron por todos lados, los niños con más insistencia que nadie. Si os preguntabais de dónde salen quienes apalean a sus conciudadanos con tanta saña, ya lo sabéis: salen de vuestra calle, de vuestra casa, sois vosotros y vuestros hijos.
  2. A algunos hay que explicárselo todo. ¿Pero estáis a favor o en contra? Una señora nos animaba a ‘darle más al de la marea verde‘. No le escupí porque llevaba la visera bajada y me hubiera salpicado las gafas. Una amiga se acercó con toda la cautela del mundo y una curiosa mezcla de emociones: ‘Ah, si sois vosotros está bien‘.
  3. A las tías no les ponen los uniformes. A los tíos, sí. A las tías, en Carnaval, lo que les pone son otras tías (de verdad o de mentira). Los tíos en cambio pierden la vergüenza ante un uniforme. Cuanto más hetero, más la pierde.
  4. Hay dos clases de disfraz femenino: el que tiene como principal objetivo estar monísimas y el que tiene como principal objetivo no estar monísimas. Con cualquiera de los dos tienen las mismas oportunidades de pasárselo pipa, pero puede que de formas muy diferentes.
  5. El Carnaval ha dilapidado lamentablemente su potencial político. Dice Luis Labajo que dice noséquién que el Carnaval es ‘el ensayo general para la revolución‘. La interpretación más habitual es la contraria, que sirve como placebo, algo que se parece a una revolución lo justo para quitarnos el gusanillo de una de verdad. Los primeros Carnavales que vivimos, una vez levantada la prohibición impuesta por el franquismo, eran en sí un acto de afirmación política. Eso se ha ido perdiendo hasta llenarlo todo de jipis, gatitas, bebés y disfraces del chino.
  6. Como fuerzas ficticias del orden fuimos mucho más eficaces socorriendo un desmayo que separando una pelea, reales ambos. Al final se impone lo obvio: que los servicios que necesitamos son los asistenciales y no los de represión.

En fin, este es nuestro informe de servicio, que en las películas americanas hemos visto que hay que hacerlo bien o el teniente te echa una bronca.

Que haya salud.

Ceuta, la prensa impresa y la LPI

Tres episodios aparentemente inconexos que dan una idea de la liquidación de las libertades democráticas a que estamos asistiendo.

  1. La Guardia Civil repele con material antidisturbios un intento de atravesar la frontera hispano-marroquí. El resultado: 15 muertos. Desde que esto ocurrió, el director general de la GC y el Ministerio del Interior han difundido informaciones contradictorias. Es decir, han mentido.
  2. El gobierno presenta una reforma de la Ley de la Propiedad Intelectual que, entre otras cosas, establece un canon para las webs de enlaces a noticias que recaudará CEDRO (la SGAE de la prensa escrita, para entendernos). Los beneficiarios de ese canon serán, como podéis imaginar, [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]. Los principales perjudicados, los medios independientes de agregación de noticias, la mayoría de los cuales, simplemente, no podrán sobrevivir.
  3. Dos de los periódicos de mayor tirada en España (El mundo y El País) nombran nuevos directores. El Mundo se deshace de Pedro J, que había puesto al gobierno de Rajoy en su punto de mira. El País hace ya tiempo que empezó a escorarse (más) a la derecha, y el cambio de dirección refuerza esa tendencia. Desde la propia redacción se han producido quejas sobre la nueva línea editorial, particularmente amable con el gobierno.

Hay dos portadas que resumen magníficamente la conexión entre los tres episodios: una infame, de El País del 17 de febrero, y otra ridícula, de ABC. La primera agita el espantajo de las hordas de africanos preparados para asaltar España; la segunda agita el espantajo de la piratería para justificar el regalo que están a punto de recibir del gobierno en forma de nuevo canon digital.

Pero vamos por partes:

La muerte de 15 personas (15 más) durante un enfrentamiento con la Guardia Civil me parece un asunto suficientemente grave y bochornoso como para que los responsables se lo tomen en serio. Y, bueno, si el índice de lo en serio que se toma las cosas el PP es el número de mentiras y tergiversaciones que le dedican (Prestige, 11M…), pues sí, parece qe se lo han tomado en serio.

Resumámoslas:

  • Primero afirmaron que no se había empleado material antidisturbios. De hecho la primera versión negaba incluso que hubiese intervenido la Guardia Civil.
  • Negaron también que hubiese grabaciones de las cámaras de vigilancia sobre el incidente.
  • Dijeron que los inmigrantes no habían pisado suelo español.
  • Cuando se hizo obvio que sí había ímágenes de vídeo, difundieron un montaje manipulado que escamoteaba lo principal: el momento en el que se producen las muertes
  • Al aparecer imágenes de africanos custodiados por la CG en la propia playa (suelo español), afirman que la frontera internacional entre España Marruecos la define la propia Guardia Civil. Toma ya derecho internacional.

Por supuesto, lo más grave es la muerte de 15 inocentes y la increíble actuación de un cuerpo de seguridad más preocupado por la inviolabilidad de la frontera que por la vida humana.

Pero además, en democracia, semejante rosario de falsedades debería tener consecuencias. Si no las tienen es en parte porque la prensa afín al poder avala al mentiroso. Un repaso a la cobertura que ABC, La Razón o El Mundo han hecho del tema sería suficientemente ilustrativo de lo que digo.

El País es el único periódico de gran tirada (El Diario y Público tienen una distribución más modesta) que desde el principio había dado espacio y credibilidad a las voces que alertaban sobre el uso de balas de goma y botes de humo, la devolución ‘en caliente’ (ilegal en España) y la ausencia de Cruz Roja o Salvamento Marítimo en la playa del Tarajal.

Pero eso fue antes del 16 de febrero. El 17 decide sacar en portada un titular: ‘30.000 subsaharianos preparan el salto a Europa por Ceuta y Melilla’, que motivó encendidas protestas de sus lectores y de parte de su redacción. ¿Ocurrió algo los días anteriores que explique este alineamiento súbito con la prensa sumisa al gobierno?

Dejemos que lo explique el ABC:

¿Que qué tiene que ver? Veamos: hasta ahora los principales medios del poder para garantizarse el favor de la prensa eran la publicidad y los consejos de administración. La retirada de dinero público para publicidad en El Mundo y El País ha supuesto una pérdida de ingresos para ambos que ha puesto en riesgo su propia supervivencia. Un palo. En esa situación, forzar un cambio de director y de línea editorial es pan comido. Si además añades una jugosísima fuente extra de ingresos en forma de canon… La zanahoria.

De eso va esto. De laminar toda discrepancia por las malas o por las buenas.

Pero es peor.

¿Quién va a pagar ese canon que salvará del hundimiento a la prensa escrita en España? Los medios se refieren al nuevo impuesto como ‘Tasa Google‘ porque es la teta más gorda, pero puede tener un efecto mucho más grave en servicios mucho más modestos (y mucho más interesantes) que Google News. Por ejemplo, en la web española Menéame. Menéame es un agregador de noticias. Los usuarios pueden enviar a la web las noticias que le llaman la atención, y votar aquellas que le parecen más relevantes. Menéame puede dar a una noticia de un medio modesto una difusión que jamás alcanzaría por sí sola. Es una forma de evitar que determinadas versiones o puntos de vista queden silenciados por la uniformidad de los medios. Y no podría sobrevivir a la aplicación de un canon como el descrito.

Twitter o Facebook también funcionan como agregadores de noticias, y si bien Facebook puede permitirse aflojar la pasta, no lo tengo tan claro con Twitter. De hecho, dependiendo de cómo quede la redacción final de la ley, incluso los blogs personales podrían ser afectados si acostumbran a enlazar a otras webs de noticias.

No es el único aspecto preocupante de una reforma que demuestra un profundo desconocimiento sobre cómo funciona la Red (o todo lo contrario). Lo peor es que el gobierno de Rajoy parece dispuesto a cargarse un sector (el de Internet, que empieza a despegar en España) para salvarle el culo a otro, el de la prensa escrita, en caída libre por un cúmulo de circunstancias que abarca desde el cambio de hábitos de consumo de sus lectores hasta sus propios errores al interpretar el nuevo medio digital, por no hablar de su alineamiento con el poder económico… pero entre las cuales, a pesar de lo que diga ABC, nunca ha estado eso que llaman piratería. Me cuesta escribirlo sin descojonarme. De hecho los agregadores constituyen en sí una fuente de tráfico hacia sus ediciones digitales. Que no sean capaces de convertir ese tráfico en ingresos sólo indica hasta qué punto su modelo de negocio está fracasando. Y eso no lo salva ningún canon.

¿Puede la democracia sobrevivir sin una prensa independiente? Estoy de acuerdo en que no, pero no lo estoy en que eso justifique el rescate a los grandes diarios que quiere colarnos el gobierno… precisamente porque atenta contra la independencia de la prensa, porque premia a los sumisos y castiga a los críticos. Hoy la independencia (al menos la multiplicidad de puntos de vista) está en otro lado, precisamente el que se intenta silenciar.
Es otro clavo más en el ataúd de nuestra democracia.

Por qué hay que hacer ESTA huelga

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Faltan dos días para la huelga general, y a estas alturas ya se ha argumentado bastante sobre las razones por las que es necesario secundarla. No pretendo con este texto añadir ningún razonamiento nuevo, sino sintetizar algunos de los que a lo largo de estas semanas me han ido convenciendo, por si sirve para despejar las dudas que alguno aún pueda tener.

Porque este camino sólo lleva al desastre.

Desde que comenzó la crisis los gobiernos de PSOE y PP han iniciado una serie de medidas mal llamadas de ajuste  supuestamente orientadas a evitar la recesión, estimular la creación de empleo y garantizar los servicios sociales básicos. Curiosamente los efectos de esas medidas han sido caer en la recesión, aumento galopante del paro y la paulatina desaparición de los servicios sociales. Economistas como Vicenç Navarro ya han alertado que estos efectos son producto precisamente de esas medidas, y que lejos de suponer un ajuste puntual necesario pretenden un cambio de régimen económico basado en la precariedad del trabajador y la debilidad de los Estados frente a los intereses económicos de la banca y la gran empresa.

Occidente ya atravesó durante el SXX otras dos grandes recesiones: la Gran Depresión de los años 30 en EEUU y el periodo tras la Segunda Guerra Mundial en Europa. De las dos se salió gracias a un fuerte incremento del gasto público dirigido a mejorar la capacidad de consumo y las condiciones laborales de los trabajadores (New Deal y Plan Marshall, respectivamente).

Es decir: conocemos casos de éxito de políticas diferentes en situaciones idénticas. ¿Por qué no se están aplicando? La respuesta evidente es que no se aplican porque no se desea solucionar el problema, sino aprovecharlo para imponer un cambio de régimen económico y social.

Porque no nos podemos permitir un sólo paso atrás.

En España hemos alcanzado una media de 500 desahucios diarios. [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]. El plazo de tiempo entre pérdida del empleo y pérdida de la vivienda se ha calculado en unos tres años (1 de subsidio de paro y dos de trámites legales). Los desahuciados de hoy son los que perdieron su empleo en 2009, cuando el índice de paro era del 15%. Hoy es del 25%.

Menciono estos datos porque corresponden a una situación extrema. Las familias recortan gastos de donde sea antes que dejar de pagar la hipoteca. Los jueces hablan de morosos de buena voluntad: familias que quieren pagar sus deudas, pero no pueden hacerlo. Aún así, se les está dejando en la calle. ¿Cuánto más debe empeorar la situación para que algunos se den por aludidos? En los últimos días, PP y PSOE han puesto en escena su voluntad de poner freno a los desahucios, pero… ¿debemos confiar en su voluntad de hacerlo, teniendo en cuenta que hasta ahora han tumbado al menos 10 propuestas parlamentarias orientadas precisamente a conseguirlo? O simplemente están haciendo el paripé ante la alarma social causada por los recientes casos de suicidio motivados por estas situaciones.

No podemos permitir que la situación se siga deteriorando. Es responsabilidad de todos aprovechar esta ocasión de hacer ver nuestra fuerza como colectivo.

Porque, antes o después, estos cambios no se podrán imponer sin violencia.

Tras el éxito de anteriores movilizaciones de protesta el Gobierno ha empezado a amenazar a los ciudadanos menos mansos: limitación del derecho de huelga, reforma del código penal para castigar a los convocantes, imposición de tasas abusivas a quienes recurran actos del Gobierno… Se trata de ataques al derecho de participación y autodefensa de los ciudadanos que no pueden quedar sin respuesta porque de lo contrario irán a más. Por decirlo de manera suave, el compromiso neoliberal con la democracia no es tan fuerte como debería. América latina tiene buenas pruebas de ello. Si la ciudadanía no hace ver su fuerza (esto es, su número y su unidad) estamos alentando una involución democrática que nos dejará cada vez más desarmados frente al poder económico. Está en juego algo más que nuestra calidad de vida (que también), están en juego nuestros derechos democráticos.

Porque puede marcar la diferencia en toda Europa.

A diferencia de otras, esta es una huelga que se convoca simultáneamente en 5 países europeos particularmente castigados por los ajustes impuestos por el neoliberalismo rampante (España, Portugal, Italia, Grecia y Bélgica). Esta huelga no es sólo un mensaje a nuestro gobierno: es un aviso a la jerarquía económica europea, corresponsable de la irregular distribución de los efectos de una crisis que está generalizando la pobreza para acrecentar la riqueza de unos pocos.

Porque la movilización social sí sirve de algo.

Los medios de comunicación tradicionales, tan obedientes siempre a quienes les pagan, suelen reaccionar de distintas maneras ante las convocatorias de huelga general. En la última optaron por atacar a los sindicatos buscando desunir a los trabajadores mediante el descrédito de sus representantes. Esta vez en cambio la estrategia parece orientada a lograr que cunda el desánimo: o se ningunea la convocatoria o se minimiza la eficacia de las movilizaciones sociales. Pero la experiencia nos dice justo lo contrario: una huelga general con un seguimiento masivo es una herramienta eficaz para frenar políticas antisociales. Lo que no debemos es confundir la finalidad de una huelga. No es su función solucionar problemas (para eso están los políticos) sino trazar líneas rojas y decir por aquí no.

Porque las excusas para no hacerla cada vez se sostienen menos.

No recuerdo haber oído en la calle a nadie que diga que no hace huelga porque confía en la eficacia de los recortes para salir de la recesión. He oído muchas cosas: que la pérdida de derechos es inevitable, como la lluvia o la gripe (lo inevitable es que la situación empeore aún más si continúan estas políticas); que no hay que hacer el juego a los sindicatos, pendientes de sus propios intereses (la crítica a los sindicatos habrá que hacerla cuando toque, ahora lo que están en juego son nuestros derechos, muchos de ellos por cierto conseguidos en mesas de negociación o mediante movilizaciones sindicales); que no quieren regalar al patrón el día de paga (pero sí tus derechos laborales); que no pueden permitirse no cobrar un día (lo que no puedes permitirte es no demostrar que tu día de trabajo es valioso); que temen represalias por parte de la empresa (¡llama a un piquete!)…

Pero en general ninguna es otra cosa que una excusa, un argumento banal y oportunista con el que explicar por qué no hiciste lo que sabías que había que hacer. Yo prefiero enseñarle a mi hijo que cuando uno sabe lo que tiene que hacer, lo correcto es hacerlo.


Más razones para hacer huelga el 14N

Los borrachos

Ayer tuvo Shus Terán el detalle de recordar en Tarifa al Día y [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] el mural que pinté hace 25 años en la plazuela que hay entre Calderón de la Barca y La Paz.

La interpretación que hace es bastante acertada, más allá de lo que hubiera podido sacar de la breve conversación que mantuvimos días antes. Le agradezco mucho el interés que se ha tomado y el tono tan amable del artículo. En efecto la clave de la composición era desandar el camino recorrido por Velázquez: lo que en sus Borrachos era humanización de un tema mitológico, en los míos era devolver a los personajes su condición mitológica… sólo que con esa divinización ganaban bien poca cosa. Sí, son dioses, pero mira qué dioses.

Gracias a la mención de Shus y a los comentarios recibidos por una vía u otra he tenido ocasión de recordar mejor aquel momento y aquel trabajo. Me gustaría compartir algunos datos, por si alguien tiene curiosidad.

En efecto, tanto los propietarios del Hubi como yo suponíamos que el muro sobre el que se pintó no pasaría del verano, por lo que no nos molestamos en preparar la pared. Lo pinté directamente sobre el ladrillo blanqueado, con acrílico de bote (Titán). Que el sol y la lluvia no lo hayan borrado por completo es un misterio como el de las caras de Bélmez… o eso o precisamente la rugosidad y superabsorvencia del hormigón explican que no se haya caído.

Aunque el mural se aleja bastante del tipo de pintura que hacía entonces, y más aún de cualquier cosa que haya hecho luego, sí hay algunas conexiones. En aquella época pintaba mucho, como corresponde a un estudiante de Bellas Artes, y para no quedarme sin temas había adoptado un método que me permitía inventarme cuadros con alguna rapidez: tomaba obras clásicas, sobre todo del Renacimiento y el Barroco, y pintaba versiones rápidas, siempre buscando algún giro irónico o irreverente. En aquel momento la mayor parte de la pintura que hacíamos todos era de raíz pop o de raíz expresionista… yo procuraba ser expresionista en el estilo y pop en los temas.  La diferencia entre esos Borrachos y lo que pintaba enconces está sobre todo en el color: por razones que no excluyen la diferencia de precio entre unos colores y otros, usaba siempre tonos oscuros y tierras, combinándolos con algún toque de color muy intenso. Además aprovechaba cualquier resto de pintura vieja o estropeada, cualquier material que pudiera añadir para darle cuerpo. El aspecto de mis cuadros de la época era bastante podrido y feísta, y me encantaba. En el mural usé tonos mucho más naturales y luminosos, para eso es una escena de playa. Y aunque sí hay toques feístas, no son tan acentuados.

Sobre los personajes: el de la cara de perro es Anubis, el dios-chacal egipcio; el perro de abajo es el que aparece en Las Meninas; y Baco, según una correspondencia iconográfica que aprendí de Pérez Villalta, es Cristo.  Lo que está haciendo con las dos copas es multiplicar el vino. Las gafas rojas a lo John Lennon y el pendiente se los añadió alguien mucho después. Y el stencil de Dr Hofmann que hay al lado parece abrir un diálogo, no sé si de besugos.

Me han preguntado algunos sobre la posibilidad de restaurar el mural. Me temo que es imposible, en todo caso habría que repintarlo entero, y… la verdad es que no estoy por la labor. Alguna vez a lo largo de estos 25 años se me ha pasado por la cabeza cubrirlo de blanco, preparar la pared y pintar otra cosa encima, pero al final decidí que no tenía derecho, que aquel trozo de pared está lejos de ser mío. En todo caso es propiedad de un chaval de 20 años de hace un cuarto de siglo, y de los vecinos de un pueblo que decidieron respetarlo el tiempo suficiente para que acabase formando parte de su memoria. Incluso el hecho de que su autoría fuera anónima para casi todo el mundo me parece que le sentaba bien… ahora que tiene autor es como si hubiera perdido parte de su gracia.

Pregunta un forista en Tarifa al día si es que no me gusta el mural. No es eso, es sólo que no me parece muy mío. Creo que el valor que pueda tener se debe menos a mi trabajo y más a los 25 años que lleva ahí. Y no es modestia, ni falsa ni de la otra. Cuando me parece que he hecho algo que vale la pena no me corto en decirlo. Digamos que lo apreciaría más si fuera de otro.

Pero lo cierto es que el arte callejero me interesa bastante, casi tanto como he ido perdiendo la fe en la pintura de caballete como arte contemporánea, y que hace tiempo que me apetece quitarme el gusanillo… igual es hora de echarse a la calle y ensuciar alguna otra pared, ahora que están blanquitas. ¿Quién se apunta?

Las otras crisis

Quienes creímos al inicio de esta crisis que el desplome del decorado neoliberal iba a dejar al descubierto la tramoya del sistema, pecamos de ingenuos. Demasiado habituados a los efectos especiales de la economía de las burbujas, el grueso de la población del primer mundo parece haber caído en un estado de estupefacción: continúan sentados en sus butacas esperando que vuelva el mago con otro truco, con otro espectáculo de burbujas con el que simular una riqueza ficticia.

Quienes quisimos ver en la emergencia de una actitud de rebeldía globalizada el renacer de la política de base fuimos víctimas de otra ilusión, de una burbuja de otro signo que, transcurridos los meses (y llegado el frío), parece no haber sido capaz de cristalizar en nada ni, peor aún, de conectar con otros actores de la oposición al neoliberalismo.

Por una parte la maquinaria de adoctrinamiento al servicio del sistema (la práctica totalidad de los medios de masas) ha seguido ignorando cualquier crítica que no sea meramente partidista o coyuntural. Ante la mirada de todos han convertido una profunda crisis sistémica en un problema de gestores. Como resultado, en todos los países afectados por la crisis los gobiernos están cambiando de manos, pero no de signo. Donde había socialdemócratas ahora hay conservadores, y viceversa. Pero las políticas económicas permanecen incuestionadas.

Por otra, la mayoría de movimientos ciudadanos en los países occidentales, que consiguieron en sus inicios un alto grado de empatía ciudadana, han ido perdiendo apoyos en cuanto han tratado de definir sus posturas, o han caído en serias contradicciones o disensos internos que los están llevando a la inoperancia.

Como resultado de este doble frente con intereses contrapuestos se están generando algunas líneas de opinión que me parecen preocupantes a corto, pero aún más a largo plazo. El frente mediático las alimenta con consignas simplistas e interesadas; el descontento sin forma las disemina acríticamente.

Resumiéndolas a un titular, serían estas:

  1. La culpa de todo la tienen los políticos y sindicatos, que son todos unos chorizos y unos sinvergüenzas.
  2. Existen numerosas conspiraciones en la sombra encargadas de mantener las cosas como están.
  3. La política ha fracasado. La solución a los males de esta sociedad está en la transformación y superación personal en el ámbito privado.

No tengo claro cuál de las tres líneas me parece más peligrosa, pero sí que las tres están siendo muy difundidas y que, combinadas, están creando un sustrato pseudoideológico que contribuye a enmascarar (aún más) la realidad social, política y económica.

Trataré de exponer por qué me preocupan y qué alternativa les veo.

1: Piove. Porco Governo

Muchos de los lemas, pancartas y mensajes que circulan desde el comienzo de las protestas contra la crisis(1) apuntan a ‘la clase política’ como responsable de todos los males. En ese saco meten a todos los que desempeñan cualquier actividad política, que ha pasado automáticamente a resultar sospechosa. Da igual el partido al que pertenezcan, que hayan tenido o no responsabilidades de gobierno, cuáles hayan sido las posturas defendidas… Es cierto que hay distinciones: los recién llegados, aquellos sin trayectoria política o ideológica conocida gozan de cierto margen de confianza (es el caso de Equo o de UPyD, por ejemplo).

Evidentemente no hubiera sido posible el actual deterioro económico, social y político sin el concurso entusiasta de de nuestros gobernantes. Pero nada conviene más a un mal político que extender la creencia de que ‘todos son iguales’, tanto quienes nos condujeron a esta situación como quienes se opusieron a ella con la fuerza, no lo olvidemos, de los votos recibidos.

Otro grupo que se beneficia de contar con estas oportunas cabezas de turco es el poder económico, fortalecido hasta extremos antisociales gracias a las continuas medidas liberalizadoras de su actividad puestas en marcha desde los años 80.

Resulta curioso observar cómo mientras las actividades y declaraciones de nuestros políticos abren y cierran periódicos y noticieros, la actividad de los consejos de administración de bancos y otras grandes empresas apenas merecen más comentario que el muy sesgado de las páginas salmón. En España la desconfianza indiscriminada hacia el político tiene firmes raíces en el franquismo y el falangismo, nunca erradicados. La pregunta a quienes repiten que los políticos ‘no les representan’ es ¿qué alternativas (viables) proponen?

Al poder económico le interesa interponer al político entre la ira ciudadana y ellos. Al político corrupto o ineficiente el interesa compartir el peso de su mala imagen. Y al ciudadano perezoso le resulta más sencillo desechar el cesto que buscar y apartar las manzanas podridas, las verdes, las maduras, las que le gustan y las que no.

Como resultado los órganos de representación y gobierno democráticos sufren un fuerte desprestigio, no diré que injustificado, pero no igualmente merecido por todos. Que ‘los políticos’ hayan sustituido al terrorismo entre las principales preocupaciones de los españoles, según el CIS, es sintomático. Y también  preocupante. E insostenible en una democracia.

2: La amenaza reptiliana

Otro tipo de mensajes que están circulando insistentemente en la Red y que ha procurado grandes beneficios a cierta prensa es el de aquellos que pretenden haber desvelado una o mil y una conspiraciones globales que involucran a la CIA, el Mossad, la Policía Nacional, el Club Bilderberg, una raza de extraterrestres reptilianos o a Rubalcaba, a quien algunos atribuyen una capacidad de manipulación sobrehumana… ¿reptiliana?

Llama la atención cuántas personas inteligentes están dispuestas a abrazar argumentos imposibles con tal de no aceptar una verdad muy simple: las sociedades humanas albergan una infinita capacidad para la estupidez, la codicia y la crueldad. Para alcanzar el actual grado de desprecio por la vida y el bienestar del prójimo no es necesaria ninguna conspiración. Basta dejar que los instintos más egoístas se desarrollen sin restricción. Las injusticias que padecemos son resultado de las tremendas desigualdades construidas sobre el principio neoliberal de dejar a la codicia campar a sus anchas.

Europa ya conoció otras épocas oscuras y crueles asentadas en la desigualdad. El mundo hoy, más allá de nuestras cómodas fronteras, ya es cruel e inhóspido hasta saciarse. ¿De verdad necesitamos más pruebas de que el estado natural del hombre incluye grandes dosis de egoísmo y crueldad sin necesidad de más ayuda?

 3: Cambia el mundo cambiando tú

Una tercera concepción de la crisis, o más bien de su posible resolución, apunta a la capacidad del individuo para lograr mejoras en el conjunto de la sociedad mediante cambios en su vida y en su entorno inmediato.

Individualistas, humanistas, positivistas y la inagotable legión de autores de libros de autoayuda  contribuyen a extender la confianza en que es posible mejorar sustancialmente la sociedad mediante soluciones de tipo estrictamente personal: si todos mejoramos como seres humanos, la sociedad, integrada por mejores seres humanos, también lo hará.

Lamento no poder ser tan optimista a ese respecto.

Primero, porque dudo que la capacidad de contagio de los buenos hábitos supere al poder de manipulación de la superestructura. Segundo porque no creo que que sea posible operar cambios sociales mediante acciones individuales (no-sociales por definición). Tercero porque estoy seguro de que los beneficiados por el sistema no se dejarán arrebatar sin lucha sus privilegios.

No basta con procurar que nuestro entorno inmediato sea más saludable, que nuestra manera de alimentarnos sea más natural, que nuestra relación con quienes nos rodean sea más sinérgica, que actuemos en positivo evitando antagonismos… Llamadme prosaico, pero ahora mismo la trinchera está en la jornada laboral, el salario mínimo y las condiciones de despido. Y para eso hacen falta leyes, convenios y un marco de relaciones laborales justo y equilibrado.

“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace…”

Como toda buena falacia, estas tres líneas de opinión tienen bases ciertas, sólo que están siendo llevadas a extremos interesados y muy manipulados, y que enfocadas con una lógica simplista acaban entrañando más mentira que verdad.

Es indudable que gobiernos y partidos políticos tienen una enorme responsabilidad en el proceso de cesión de poder a la gran empresa y al poder financiero. Sin su concurso entusiasta los Estados no habrían dejado crecer tanto y tan peligrosamente el poder económico, ignorando su propio papel histórico. A sabiendas de lo que hacían, adelgazaron conscientemente su papel para entregar todo el poder a los Consejos de Administración, auténticos señores feudales de un mundo concebido como mercado global.

Pero no lo es menos que en democracia el votante es igualmente responsable. Y también lo es, no lo olvidemos, quien se abstiene.

No podemos tampoco obviar el poder de los lobbys y otras organizaciones, ni su capacidad para anticipar los efectos de sus propuestas. Pero atribuirles un control absoluto sobre gobiernos, políticos y devenires históricos es ignorar una explicación más sencilla: que es el diseño del sistema el que falla. Que no son necesarias constantes intervenciones de fuerzas superpoderosas para encauzar los acontecimientos. Que bastan 30 años de aplicación de un principio económico erróneo pero incuestionado para que se produzcan los resultados que estamos conociendo.

Y sería ingenuo no reconocer la necesaria colaboración de la ciudadanía, fácilmente seducida por años de bonanza económica, cómodamente ciega a las desigualdades hasta que les tocó estar en el lado chungo del listón. Suponer que es posible un cambio significativo y perdurable mediante la transformación individual es ignorar nuestra propia psicología.

¿Entonces, qué?

Lo que parecen no querer aceptar los nuevos apóstoles de la antipolítica, los teóricos de la conspiración y los individualistas es que existen vías eficaces de transformación precisamente en los denostados campos de la política, la cotidianeidad, la participación y lo común.

Quienes abominan de la política pasan por alto que si tan eficaz se ha mostrado en ciertas manos para encaminarnos al atoyadero, igualmente puede serlo para rescatar la justicia social, la solidaridad, la inclusión y la equidad del armario ideológico. Manoseando todavía más la consabida frase, hay que recordar que otra política es posible siempre y cuando comprendamos que otra economía es necesaria. Y que la participación es también una responsabilidad compartida. La exclusión del ciudadano de las instituciones políticas ha sido en buena parte una autoexclusión, y la legítima reivindicación de una democracia más participativa choca con el escaso interés de la mayoría por implicarse y participar. Sólo se atrofian los órganos que no se utilizan.

El resultado en la últimas Elecciones Generales fue sintomático: el PP consiguió mayoría absolutísima sin un aumento significativo de votos. Fue el abandono y dispersión del voto de izquierda y centroizquierda lo que propició el aparente gran giro a la derecha.

¿Pero por qué razón las movilizaciones de claro signo progresista registradas en las calles españolas no encontraron correlato en las instituciones? En parte parecen haber querido hacer efectivo el lema ‘No nos representan’ negándose a poblar las cámaras de quienes pudieran representarles. De los muchos mensajes e ideas, muchas de ellas de gran calado político, el que parece haber arraigado más en la mayoría ha sido, tristemente, el mensaje antipolítico. Era la incógnita del 75% de simpatías hacia el 15M que reflejaban las encuestas: una vez el descontento genérico empezara a definirse en propuestas concretas, ¿qué apoyo real quedaría? A fecha de hoy, la única respuesta que tengo es ‘no el suficiente’. No el suficiente para que cualquier vía al margen de la política institucional pueda tener un efecto significativo. No quiero restar importancia a los ejercicios de democracia de base de los que hemos sido testigos, pero sí desmitificar la capacidad transformadora de esos ejercicios por sí solos, sin buscar la complicidad necesaria de otros actores.

Hace falta demasiado trabajo aún, continuado y a largo plazo, para querer descuidar vías con las que gestionar el corto plazo. Porque la lucha en estos momentos es cuerpo a cuerpo y a cortísimo plazo, por si alguien lo duda. La desconfianza generalizada hacia la actividad política y sindical nos deja inermes en esa lucha. Conseguir instituciones que nos representen pasa hoy por elegir candidatos con los que nos sintamos representados. Por sus ideas, sus acciones, su trayectoria.

Hay que hacer crítica del statu quo, pero también crítica de la crítica para evitar tanto la necesidad de reinventar la rueda a cada paso como la incorporación de elementos esotéricos y asociales al discurso. Por más que nos guste luchar contra gigantes, pimero habrá que comprobar que no se trate de molinos o, peor, de simples espantapájaros. Y convendrá recordar que jamás la clase obrera consiguió nada del individualismo, sino de la unión y de la solidaridad.

Pueden parecer objetivos demasiado mundanos para quienes deciden situar la utopía siempre un paso más allá. Pero jamás llegaremos a puerto alguno sin antes dar, tan juntos y unidos como sea posible, un modesto, insuficiente pero imprescindible primer paso hacia el objetivo común de erradicar el neoliberalismo. Tan modesto como secundar una huelga, tan insuficiente como depositar un voto.

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(1) Hay quien me corregirá: ‘contra el sistema’, o ‘contra los recortes sociales’… pero mi impresión personal es que es más bien contra esta crisis, y que un alto porcentaje de quienes hoy critican el sistema estában muy satisfechos con él antes de la crisis y volverían a estarlo en el muy improbable caso de que recuperásemos el escenario económico de hace 5 o 6 años

Contra la SOPA y contra la Sinde: un manual para compartir.

Primero una breve cronología reciente:

  1. Diciembre 2011: El PP aprueba el último fleco de la Ley Sinde, que entrará en vigor el próximo marzo.
  2. Enero 2012: Se discuten en el Congreso y Senado de EEUU la SOPA y la PIPA, leyes similares a la española, pero que les facultaría para actuar contra webs en cualquier lugar del mundo.
  3. 18 enero: Las principales webs norteamericanas declaran un día de huelga contra las leyes SOPA y PIPA.
  4. 19 enero: El FBI cierra Megaupload / La SOPA es retirada por su promotor.

Luego un paisaje de Internet durante la huelga:

En tercer lugar, un manual que muestra cómo saltarse la ley Sinde y cualquier otra que se le parezca.

Y por último algunos enlaces sobre el tema:

Lo posible y lo deseable (en educación y nuevas tecnologías)

Como profesor, con cierta frecuencia me encuentro con situaciones y discursos en los que lo que se cree que se debe hacer y lo que parece que se puede hacer son opuestos: lo posible no sólo no va en la misma dirección que lo deseable, sino que avanza en dirección contraria.

Esto se da en muchos ámbitos relacionados con la práctica docente, pero con especial nitidez en la introducción de las TIC. Desde la teoría se señala el cambio de paradigma que introducen las tecnologías digitales; desde la práctica se subrayan los problemas de control, de disciplina, de carga de trabajo para el profesorado. En un ámbito leemos sobre las posibilidades de consulta e interacción que posibilitan los ordenadores puestos a disposición del alumnado; en otro oímos que las aulas TIC no funcionan y los portátiles sólo sirven para jugar y distraerse. Unos hablan del fin de la dictadura de las editoriales y otros de que los materiales elaborados por los docentes no podrán estar a la altura del proporcionado por éstas. Por una parte se aplaude una mayor horizontalidad en las relaciones entre profesor y alumnado y por otra la capacidad de las PDI para absorver la atención del estudiante.

Estoy convencido de dos cosas: que será imposible avanzar hacia lo deseable sin atender antes a lo posible; y que tenemos que procurar las condiciones para que las necesidades inmediatas del aula no nos encaminen en dirección contraria a los objetivos irrenunciables de nuestra tarea. Programar las clases con el ojo demasiado puesto en el orden, el control y la disciplina limita la atención que prestamos a lo formativo; pero no tenerlos suficientemente en cuenta conducirá a situaciones en las que desempeñar la tarea educativa sea imposible.

¿Qué condiciones deberían estar garantizadas para evitar ese divorcio entre lo que queremos y lo que podemos hacer? Pongámoslo en forma de lista:

  • Ratios más adecuadas a las necesidades de atención individualizada del alumnado.
  • Nueva organización de las aulas que integre con fluidez las TIC, para lo que el punto anterior es imprescindible.
  • Impulso decidido a la formación del profesorado. No sólo un impulso cuantitativo, sino sobre todo cualitativo, que atienda menos a lo procedimental y más a ampliar horizontes, mostrar nuevas direcciones.
  • Incentivar al profesorado reconociendo su trabajo fuera del aula y la autoformación, y premiando las iniciativas relevantes en el aula.
  • Nuevos procedimientos de evaluación.

No es que tenga esperanza en que esta lista de deseos se cumpla a corto o medio plazo, o en el plazo que sea. Sólo expreso mi convencimiento que que esto debe ser así.

Lo importante de las TIC aplicadas a nuestro trabajo no es que nos permitan hacer mejor lo mismo de siempre, sino que hacen posible dar respuesta a nuevos problemas y nuevas necesidades, algunos de ellos motivados precisamente por la plena integración de esas tecnologías en la vida cotidiana. Sería difícil de explicar que el mayor avance en tecnología educativa desde la imprenta sirviera para ensanchar la brecha entre vida y escuela por dejadez de ésta última.

Agenda 21 y participación ciudadana

El martes pasado, 19 de julio, fuimos convocados un grupo de ciudadanos y asociaciones a una primera sesión de trabajo para discutir las que entendíamos que eran las prioridades medioambientales del municipio. La sesión formaba parte del proceso de redacción de un informe para el desarrollo de la Agenda 21 localque la empresa Ibermad elabora para el Ayuntamiento de Tarifa.Las Agendas 21 locales se inscriben en el Programa 21de la ONU y son un instrumento para que los municipios prioricen sus necesidades mediambientales. Es preceptivo que el proceso de elaboración sea participativo, subrayándose esta condición: los ciudadanos deben ser parte activa en la identificación y priorización de los objetivos medioambientales, marcando así el Plan de Acción Local medioambiental a los ayuntamientos.Esa era la razón por la que fuimos convocados. Sin embargo la sesión difícilmente hubiera podido resultar más decepcionante. A lo largo de la misma fue asentándose la sensación entre los presentes de que asistíamos a poco más que un paripé para cubrir el expediente de la participación. Algunos síntomas que avalan esa sensación:

Deficiente presentación. La presentación tanto del programa Agenda 21 como del proceso en el que se nos pedía participar fue vaga, llena de inconcreciones, inexactitudes y aparente desconocimiento de los detalles. No puedes describir un rábano señalando las hojas. Expresiones como ‘esto viene de Europa’, ‘sirve para conseguir subvenciones’ o ‘lo entenderéis más tarde’ sin detallar qué instituciones concretas lo promueven, a qué fondos nos dará acceso su elaboración o qué seguimiento se va a realizar sobre el cumplimiento de las propuestas que recoja no contribuye a generar confianza en un proceso en el que se nos pide ayuda desinteresada. De hecho, que la intervención de las técnicas del Ayuntamiento (gracias, Carmen y Macu) resultase más esclarecedora que la de los profesionales enviados por Ibermad dice poco de la calidad de su trabajo. Lamento tener que decirlo porque detesto echar tierra sobre el trabajo de los demás, pero esa fue la percepción generalizada.

Participar es algo más. La participación ciudadana se define como /pilar fundamental/ en la redacción de estas agendas medioambientales. Para que sea real debe estar presente en todas las fases: diagnóstico, análisis y seguimiento. Pero lo cierto es que se nos invita cuando la fase de diagnóstico está ya casi terminada. A pesar de que ya existen documentos de diagnóstico bastante avanzados éstos sólo nos llegan, y por accidente, la misma mañana de la reunión. Varios cientos de páginas. No sólo no hemos participado hasta ahora, sino que no conocemos el trabajo previo.

Ahora viene el /cómo/. Se nos pide que escribamos en tarjetas el nombre de los problemas o propuestas que creemos prioritarios. Los técnicos los agrupan en columnas. Se nos reparten tres etiquetas que podemos pegar en las columnas que nos parecen más acertadas. Títulos, columnas, votos. Ninguna posibilidad de desarrollo de los temas, ninguna transversalidad, ningún diálogo ni consenso. Resumiendo, un procedimiento que nos relegaba casi al autismo.

No es raro que al final de la primera fase buena parte de los presentes se marchasen bastante contrariados.

Más aún: el documento final debe estar aprobado la primera semana de agosto. ¿Qué clase de proceso participativo se resuelve en dos tardes y a toda prisa?

Convidados de piedra municipales. Acudían en representación del Ayuntamiento la concejala de vivienda y asuntos sociales, Teresa Vaca, y el de medio ambiente, José Antonio Santos. Este equipo de gobierno hereda la iniciativa del anterior, así que poca responsabilidad tenían en el desarrollo del proceso. Sin embargo hubiese sido de agradecer que aclarasen el grado de compromiso que asumían con el documento que resultase, teniendo en cuenta que varios de los presentes estaban expresando sus dudas sobre ese particular.

De hecho el concejal de medio ambiente abandonó pronto la sala sin haber llegado a intervenir.

Algunas críticas que no comparto. Como comenté poco más arriba algunos de los asistentes dejaron clara su oposición al procedimiento elegido para dar cauce a la participación, y algunos otros a casi todo el proceso. Comparto algunas de esas críticas (las que recojo aquí y algunas más) pero no estas otras.

  • El informe no debería haberse encargado a una empresa privada, sino que deberían haberlo realizado técnicos municipales. Sin duda resultaría más barato, pero no me parece mal que un trabajo especializado como este se encargue a una empresa especializada. Simplemente por cuestión de eficacia. Lo lamentable no es que lo haga una empresa, sino que lo haga mal.
  • Toda subvención es sospechosa. Todo lo contrario: el sistema de subvenciones es imprescindible para que se desarrollen actividades que la lógica empresarial y de mercado desdeñan. Sin ellas sería imposible desarrollar algunas actuaciones de innegable valor y repercusión en la ciudadanía pero escasa rentabilidad económica. Por otra parte son un instrumento eficaz para poner en marcha políticas de calado social que difícilmente podrían pagar instituciones públicas de economía precaria, como nuestro Ayuntamiento. Un instrumento que facilite conseguir financiación pública externa para proyectos medioambientales, como la Agenda 21, me parece una oportunidad que no se debe perder. Lo lamentable, de nuevo, es que se haga mal.
  • No debemos participar en este paripé. Es una postura perfectamente válida que yo hubiese seguido en otro tiempo, pero no ahora. Se puede ser crítico y denunciar el mal desarrollo de la Agenda sin renunciar a influir en su resultado. El procedimiento seguirá con o sin nosotros. Muchos decidimos quedarnos a pesar del mal cariz de la cosa porque pensamos que a pesar del tufo a puesta en escena sólo el abandono de todos (o casi) los presentes, serviría de algo. Eso prácticamente nunca ocurre.

En cambio desde dentro tenemos una oportunidad que creo más eficaz: el documento que resulte de la incorporación de, digamos, nuestras propuestas, deberá ser aprobado en una próxima sesión. También habrá que estar ahí, y será el momento de decidir si se vota en contra por todo lo dicho hasta ahora. Me parece una táctica más eficaz que marcharnos como si simplemente no hubiésemos acudido a la convocatoria.

Episodio 2

Si el primer foro Agenda 21 Local fue decepcionante, el segundo fue un paso más allá. El anterior delataba un procedimiento insuficiente, autista, poco representativo y mal ejecutado. Pero al menos la manipulación y la prepotencia no habían hecho aparición todavía.

Describiré el acto para quienes no hayan estado presentes, disculpadme si me extiendo:

En el orden del día figuraban la presentación de un resumen del Diagnóstico Medioambiental Municipal, turno de preguntas y aprobación del documento. En la mesa, a los dos técnicos presentes en la primera sesión se les unió un responsable de la empresa consultora Ibermad (lo siento, no recuerdo su nombre ni su cargo, imagino que aparecerá en el acta cuando la publiquen).

Tras una introducción en la que se nos explica (por fin) qué es la Agenda 21 Local y en qué marco se inscribe, se procede a presentar la síntesis del documento cuyo texto completo puede consultarse en tarifamedioambiente.es. En un momento determinado empieza a hacerse patente que nuestras propuestas de la sesión anterior no figuran. Deberían estar, puesto que la participación ciuadana es preceptiva en todas las fases del proceso, incluyendo la de disgnóstico.

En la convocatoria se menciona expresamente que los asistentes podrán hacer sugerencias al documento. Algunos deciden hacerlo durante la presentación y quien ejercía de moderador lo permite, si bien señalando que sería mejor dejarlas para el final. La actitud del moderador empieza a ser un tanto chocante, restando importancia sistemáticamente a las sugerencias, propuestas o críticas de los asistentes. Insisto en lo de sistemáticamente: en todos los casos desestimó las aportaciones o correcciones de los presentes alegando que su estudo se basaba en la interpretación de los datos públicos disponibles, incluso cuando reconoce que esos datos puedan ser insuficientes y que no han recogido datos propios cuando esa insuficiencia ha sido manifiesta.

Otros asistentes detectan esa actitud. Las críticas y sugerencias al documento aumentan hasta que el moderador corta las intervenciones del público. Concluye la presentación sin más interrupciones y, a pesar de que el orden del día (proyectado en pantalla a los ojos de todos) indica que se abre el turno de preguntas, pasamos al último punto: ‘¿Alguien se opone a la aprobación del documento?’

Algunos levantamos la mano, en mi caso al menos más para pedir la palabra que para votar. Pido que se nos permita al menos argumentar el voto, pero el moderador me interrumpe: ‘Cinco en contra. Somos 32. Entiendo que hemos aprobado el Diagnóstico.”

Momento de quitarse las caretas. En un escenario de consenso evidente no vería problemas en aprobar así una propuesta, pero aquel distaba de ser el contexto. Nadie que estuviera presente lo negará. Las protestas obligan a abrir de nuevo turno de preguntas y finalmente a repetir la votación, esta vez contando votos positivos, negativos y abstenciones. 8 noes, 8 síes y el resto abstenciones. El documento ni se aprueba ni se rechaza.

Nueva ronda de intervenciones, bastante monopolizada por el moderador, y nueva votación: empate a 11. El documento sigue bloqueado.

Nerviosismo en la mesa, consulta de papeles…

Entonces el moderador propone, para desbloquear el empate, que nos identifiquemos quienes acudimos en representación de colectivos ‘sin indicar qué hemos votado cada uno’. No sé para qué serviría, todas las votaciones han sido a mano alzada y no somos tantos. Nos convoca entonces a votar por escrito. Pido que nos explique antes cuál va a ser el procedimiento de voto, ya que parece irregular que se nos conceda más importancia a unos que a otros, y puesto que algunas asociaciones acuden con más representación que otras.

Algunos de los que se han abstenido piden cambiar el sentido de su voto. Último turno de preguntas de 10 minutos (consumidos mayoritariamente por el moderador) y última votación en la que se aprueba el Diagnóstico por dos o tres votos de diferencia.

Se levanta la sesión.

Mi interpretación de lo sucedido

Las Agendas 21 Locales surgen con la indicación expresa de ser procesos ‘de abajo a arriba’, centrados en la participación ciudadana, como complemento a las Agendas 21 a secas, que se configuran ‘de arriba a abajo’, por iniciativa de los gobiernos.

De esa manera se pretende no sólo generar un documento, el Plan de Acción Mediambiental, sino promover una mayor conciencia mediambiental mediante la implicación de la ciudadanía en la redación y debate de dicho Plan.

En la práctica se han convertido a menudo en procesos tecnocráticos en los que la participación es sólo cosmética, como en el caso de Tarifa. No puede considerarse verdaderamente participativo un proceso en el que los ciudadanos sólo podemos proponer epígrafes y votar cuánto nos preocupa cada uno sin tener ocasión de desarrollarlos ni de argumentarlos. No se ve la aportación ciudadana en un documento que no recoge ni siquiera esos insuficientes epígrafes (no al menos en la versión que recoge su web, única de la que disponemos). Y no podemos ni esperar un cambio en el futuro del proceso cuando la actitud del moderador es percibida como manipuladora y autosuficiente, más preocupado por aprobar rápido y como sea un documento de diagnóstico que como mínimo despierta bastantes dudas entre la mayor parte de los presentes.

Como muestra de hasta qué punto la burocracia y la externalización han lastrado las Agendas 21 Locales puede consultarse el capítulo Estado de la cuestión en el artículo Programa 21 de Wikipedia.

Podemos detectar varios de los defectos de aplicación descritos en el artículo: vinculación a auditorías externas, retraso en la implementación, simulacros de participación, procedimientos ineficaces. Sin embargo en cuanto a los requisitos: búsqueda de un consenso local, fortalecimiento de las organizaciones no gubernamentales, implicación expresa de la mujer, la infancia y la juventud, no vemos ninguno en el mínimo grado exigible.

Debemos preocuparnos pues por cuál vaya a ser el resultado de este trabajo, tanto si sale adelante como si no.

¿Cuál sería la consecuencia de no haber aprobado el Diagnóstico Medioambiental?

Esa pregunta se formuló en el segundo foro y la respuesta fue: ‘Tenéis un problema’. Pérdida de subvenciones, oportunidad perdida para desarrollar programas medioambientales, etc. Pero mi interpretación es otra. Quienes tendrían un problema serían los consultores, no nosotros. Para empezar hubiesen tenido que modificar el documento incorporando claramente nuestras aportaciones para someterlo de nuevo a aprobación como tarde el lunes 1 de agosto. De no hacerlo, de no obtener nuestra aprobación, habría que preguntarse qué consecuencias hubiese acarreado para la consultora Ibermad. Tal vez la respuesta explicaría también el empeño en aprobarlo esa noche.

En cualquier caso hasta la hora no hemos recibido lo que se les encargó. La aprobación del diagnóstico permite pasar a la siguiente fase. Esperamos que se subsanen los graves errores relacionados con los procedimientos de participación.

Desde luego estaremos atentos al desarrollo del proyecto.

Esto lo arreglamos emplumando a los charlatanes (.org)

Partamos de lo siguiente: si esto tuviera una solución sencilla ya estaría arreglado. Basta con poner la oreja en cualquier bar para descubrir a diario varias soluciones a la crisis de una perfección y sencillez tan aquilatadas que sólo podría atribuirse a maldad congénita que los responsables de la cosa no pongan en práctica alguna de ellas. O todas.

¿Es así? ¿Son ‘los políticos’, en representación arquetípica de quienes pinchan y cortan, malvados desde la cuna y por eso se resisten a aplicar cualquiera de esas recetas maravillosas que están en boca de todos? Más bien tiendo a creer otra cosa: que las sociedades modernas hace mucho que no admiten soluciones sencillas.  Son tantos sus ángulos y tan contrapuestos sus intereses que es imposible beneficiar a unos sin joder a otros.

Y sin embargo…

Y sin embargo resulta que todo nuestro sistema económico neoliberal globalizado se asienta precisamente en una de esas recetas maravillosamente simples, perfectas en su sencillez y automatismo. En palabras del gurú neoliberal Milton Friedman, basta con ‘no poner trabas a la codicia y el egoísmo personal de cada uno’ para que el sistema de libre mercado se autorregule por arte de birlibirloque. Así de simple. Tan sencillo e infalible como la teoría de vasos  comunicantes o la gravitación universal. Lo malo es que la teoría de vasos comunicantes sólo es aplicable a líquidos homogéneos, cosa que nuestra sociedad no es; y que la gravitación universal abandonada a su ser acaba inevitablemente en agujero negro y colapso general.

Por eso cuando conocidos adalides del libre mercado en España lanzan una campaña tan inocente como que, hombre, esto lo arreglamos entre todos, es normal que uno se agite en la silla. Para empezar: ¿lo arreglamos significa lo pagamos? No os preocupéis por eso, que ya lo estamos haciendo. Es el papel que el libre mercado reserva al Estado: pagar sus platos rotos. No estorbar cuando ganan, cubrir sus pérdidas cuando la cagan. Como no tiene sentido gastar dinero en una campaña que pretende conseguir lo que ya tienen, mejor lo descartamos.

¿Están entonces abjurando de su antigua fe y realmente reclaman lo que el texto dice: que ha llegado la hora de la ciudadanía, de la res pública, del Estado, en definitiva? Y si es así, ¿en qué grado? ¿Devolveremos al país las empresas privatizadas, se disolverán los lobbys neoliberales, se asegurarán mecanismos de participación ciudadana de base reales y efectivos? Dicho de otra manera. Si esto lo tenemos que arreglar entre todos ¿qué parte os toca poner a vosotros? Porque si vuestra contribución va a ser reclamar contratos aún más ventajosos para la empresa y despido gratis… ahí no vamos juntos, muchas gracias.

Recuerda esto una campaña que (explicaba un antiguo profesor mío, aunque nunca la he visto documentada) lanzó en los EEUU una asociación similar a esta durante la antepenúltima crisis del petróleo. Descarnada, humilde y casi pedigüeña, sus anuncios decían simplemente: Buy something. Cómpreme algo, señorito. Pero a diferencia de aquella, esta no se pone abiertamente en nuestras consumidoras manos, sino que hace el ademán de arremangarse. Venga, vamos a remar todos que hay que echar a andar el bote. Bien. Pero ¿quién decide hacia adónde?

Total, que no mola. No es extraño que le hayan surgido réplicas desde diferentes posiciones, con más o menos acierto. Algunas no son más que un eslógan, otras consiguen articularse de manera más o menos espontánea, otras están aun más despistadas que la propuesta original.

Las más sorprendentes son las que critican la iniciativa desde la derecha. Para ellas esta es una campaña buenrrollista que pretende sacar las castañas del fuego al gobierno de Zapatero. Tan claro lo tienen que incluso el PP se ha opuesto con éxito a que RTVE la difunda, con la excusa de que ‘pretende animar a la gente a consumir’, y por tanto se trata de publicidad y no de una campaña de interés social (ya saben que la televisión pública tiene prohibida la publicidad). Pues claro. Estos también ha leído a Friedman y saben que la única obligación social de la empresa es aumentar sus beneficios. Lo sorprendente es que uno creía que la derecha española estaba de acuerdo con eso. De acuerdo hasta las trancas, diría yo, pero como están ahora en eso de que cuanto peor, mejor…

En definitiva: hostilidad desde la izquierda, hostilidad desde la derecha. ¿No parece una ocasión perfecta para tratar de canalizar tanta energía negativa? Porque si algo tiene esta crisis de terrible y fatal es que no estamos aprendiendo nada de ella. Una crisis ocasionada por una economía desregulada que pretende solucionarse desregulando más la economía. Lo de siempre. Cuando las cosas van bien, ganan los de siempre. Cuando van mal, ganan aún más. Y sientan las bases para aún acumular más ganancias en el futuro. Siempre el mismo truco, y siempre nos pilla mirando hacia otro lado.

Que el desparpajo de la Fundación Confianza haya conseguido hacernos mirar hacia las mangas del prestidigitador ya es algo. ¿Seremos capaces ahora de denunciar el engaño? O nos van a seguir desplumando siempre los mismos charlatanes