Cuentos de amor de locura y de muerte, de Horacio Quiroga

Cuentos de amor, de locura y de muerteCuentos de amor de locura y de muerte by Horacio Quiroga

Le doy: 4 of 5 puntos

Después de mi breve paseo por las novelas de Nothomb me apetecía leer a alguien que escribiera bien de verdad: un poco de literatura de esa que se abre, se despliega y se expande lenta como un gas, no de la que estalla como el maíz en el microondas.

En mi lista de recomendaciones de GoodReads estaba este libro de Horacio Quiroga, a quien no tenía el gusto de conocer. Y me ha encantado. Encontrar una pieza de rompecabezas que encaje tan bien entre Poe y Borges… eso es un descubrimiento para una temporada, sí señor.

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Higiene del asesino – Amélie Nothomb

Higiene del asesinoHigiene del asesino , de Amélie Nothomb

Puntuación: 2 de 5 estrellas

Nothomb se me venía cruzando desde hace tiempo en los estantes de las librerías y las páginas sueltas que había leído me habían llamado la atención. Al final me he decidido a empezar por el principio y le he hincado el diente a su primera novela.

A las pocas páginas fui a consultar qué edad tenía cuando la publicó: 25. La justa para explicar momentos muy sólidos y deslumbrantes con otros bastante más endebles. Aún así, le hubiese dado tres estrellas a no ser por el final.

¿Me he quedado corto? Voy a leerle otro a ver qué tal.

Releyendo la Trilogía de La Fundación

Trilogía de La FundaciónTrilogía de La Fundación by Isaac Asimov

Puntuación: 3 of 5 stars

Cuando leí la trilogía por primera vez con 14 años no me di la menor cuenta de muchas de las implicaciones políticas y sociales de la historia, o más bien del sustrato ideológico que permitía imaginar una sociedad como el Imperio Galáctico, el Plan Seldon, las Fundaciones y toda la pesca. La euforia norteamericana de los 50 está ahí funcionando a toda pastilla.

Ahora la historia me resulta bastante más banal, arcadiana y autosuficiente. Entonces me parecía un mecanismo de relojería. Pero sigue siendo entretenida. Más en plan Agatha Christie que en plan William Gibson, pero oye…

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Feliz día del libro

Bueno, parece que por el momento se respeta el día del libro, aunque algunos empiezan a mirarte mal cuando les dices ‘feliz Sant Jordi’. En cualquier caso, por aquello de la nueva superabundancia de lo digital, de que muchos ya tenéis lectores de libros electrónicos y por oponer la necesidad de compartir a la pulsión de recortar… os he preparado un Día del Libro rico rico y con mucho fundamento. Vamos allá:

GoodReads

Algunos ya lo usáis. A los amigos que conocéis Filmaffinity os digo que es igual, pero para libros. A los que no, os daré más detalles. GoodReads es una red social de lectores. Os suscribís, introducís algunos datos sobre vuestros gustos literarios, catalogáis algunos de vuestros libros favoritos, os haceis amigos de algunos que veáis que comparten vuestros gustos, escribís algún comentario sobre el libro que estáis leyendo… A cambio podéis consultar la calificación que los lectores registrados en esta web han dado a un libro que despierta tu curiosidad, leer sus comentarios o críticas, recibir sugerencias en función de tus gustos… Hay que tomarse un ratito para catalogar suficientes libros como para que el sistema te vaya conociendo y acierte con sus recomendaciones, pero merece la pena. La mayoría de títulos están en inglés, pero si en lugar de añadirlos por título o autor lo haces por ISBN es casi seguro que encuentras la edición en tu idioma. Si no quieres teclear los números del ISBN o no te apetece sacar el libro del estante, puedes usar un buscador de ISBN.

Si os decidís a entrar, agregadme como amiguito.

#Bookcamping

No podía faltar la biblioteca comunal del 15M, con los títulos que explican ‘cómo llegamos aquí (porque no salimos de la nada)’. Bookcamping no alberga libros, sino fichas bliográficas. Ahora mismo no es una opción para bajarte libros, sino para localizar títulos significativos en este principio de milenio tan cómotediríayo.

Libros gratis o casi

Bookcrossing es un proyecto ya añejo que intenta facilitar algo tan sencillo y revolucionario como pasarse libros. Si quieres compartir un libro y sabes quién lo va a querer… no uses BC. Esto es más bien para esos libros que no acaban de encontrar acomodo ni en tu librería ni en la de nadie que conozcas, pero no se merecen la hoguera ni el basurero. Este servicio te permite imprimir una etiqueta con un código, pegársela al libro en cuestión y liberarlo en, por ejemplo, tu bar favorito. Quien se lo lleve puede registrar su código en la web y dar noticia de dónde lo encontró y qué uso le ha dado. También puedes salir de caza con el mapa de los libros liberados cerca de donde vives. Si vives en Tarifa, cerca puede ser un término relativo.

1010 formas de comprar un libro sin dinero. Si estás en Barcelona y te pilla a mano, en el 25 de C/ Portaferrisa cambian libros por… por mil diez cosas. Puede que te pidan a cambio que llames a tu madre, o que te hagas donante, o que le des un beso a alguien… lo único que no te  van a pedir es dinero.

84 Charing Cross Road

Venga, y el libro de este año. La primera vez que me topé con la historia de Helene Hanff y su relación epistolar con Frank Doel fue en la película La carta final, con unos magníficos Anne Bancroft y Anthony Hopkins. Tanto la película como el libro son una delicia para los aficionados a los libros. Cuentan la relación entre una escritora neoyorkina arruinada y un empleado en una librería londinense de segunda mano. Vale, hay romance, pero no entre ellos sino entre cada uno y los libros. La historia es real. Hanff fue cliente de Marks Co. durante 20 años en una época en la que pedir libros por Internet a una base de datos era dicícil de imaginar. La diferencia de temperamentos, ella completamente arrebatada y él tan británica y comercialmente correcto, la evolución de una intimidad con un océano de por medio, y la pasión por el libro como objeto y como soporte justifican sobradamente su lectura.

Como paradoja, señalar que seguramente la pobre Helene habría abominado del formato EPUB en el que os cuelgo su libro, de todos los libros electrónicos, del Kindle, del iPad y hasta del fax. Lo que no sé es si me dejaría una encendida diatriba en los comentarios a esta entrada o si me remitiría una carta manuscrita.

Nota: si no sabes cómo abrir el libro, instala en Firefox el plugin EPUBReader, y luego pincha en el enlace que dejo ahí arriba.

Eso es todo. Que cunda

Un rosal de flores chiquititas

El pasado diciembre Beatriz Díaz me pidió que editara unos videos que había grabado con testimonios de los participantes de uno de sus talleres sobre memoria oral, realizado en Los Barrios. El resultado es un DVD de 11 minutos que acompaña al libro Un rosal de flores chiquititas. Me hubiera gustado poder afinar mucho más el resultado, pero creo que el material crudo tiene bastante fuerza por lo sincero y directo.

Si queréis saber más sobre el libro:

Y ahí os dejo el video

Qué de derechas es todo

Ayer, como cada 5 de noviembre desde hace treinta y tantos años, felicitamos a mi padre su cumpleaños con libros. No recuerdo haberle regalado nunca otra cosa (miento, y material de dibujo, pero siempre acompañado de algún libro).

El primero que le regalamos nos costó a mi hermana y a mí nuestras pagas de dos semanas. El Rizo, de Robert Littell, una novela de espías típica de la guerra fría. No creáis que fue una compra tan informada, con 8 o 9 años que tendríamos. Lo busqué ayer en la casa de mis padres con los datos que recordaba: Colección Reno de Plaza y Janés, lomo rojo y el título. No es que él fuera entonces ni haya sido luego muy aficionado a las tramas monótonamente enrevesadas del género, y en cualquier caso poco sabíamos nosotros de sus gustos literarios. A mí me sacaban de El Club de los Cinco y me perdía, la verdad. No. Lo elegimos porque en la portada aparecían una hoz y un martillo cruzados, y a nuestro padre ‘le gustaba eso de la política’. D. José María Ginel, maestro y librero, que había sido previamente informado de nuestro propósito y presupuesto, aprobó la elección: ‘Este le va a gustar’.

Y debió parecernos que le gustó, no digo el libro sino el regalo, puesto que hemos seguido insistiendo en lo mismo desde entonces. Aunque tengo un recuerdo más o menos claro de la compra (el expositor giratorio de alambre, nosotros mirando las ilustraciones de las portadas, la oscuridad de aquella librería demasiado larga y estrecha para recibir buena luz, incluso la voz un tanto cascada de Don José María… todo esto recuerdo y seguro que lo idealizo, porque aparece incluso un oportuno rayo de luz, y ya es mucha postal esa)… menudo paréntesis he abierto… Aunque recuerdo bien aquel momento, decía, no tengo ninguna imagen sobre cómo fue recibido. Tampoco mi padre recordaba hasta ayer que aquel fue nuestro primer regalo, así que estamos en paz. Quizá mi hermana, siempre más cariñosa, tenga mejor recuerdo de aquella parte.

Pero me estoy yendo mucho por las ramas de lo personal y yo lo que quería era poner en contexto un hecho que ilustra una fea tendencia. Ahí va el hecho: ayer, por primera vez desde entonces le hemos regalado dos libros que ya tenía, a saber: La carretera, de Cormac McCarthy, y Anatomía de un instante, de Javier Cercas.

Y diréis: pues no es para tanto, te los quedas o los cambias y ya está. Y es cierto, pero… es algo que no había ocurrido en más de treinta años multiplicados por tres ocasiones: cumpleaños, San José y Reyes. Ni siquiera después de que me fuera de casa, hace más de veinte. Aunque no conviviese con aquella biblioteca nunca había elegido un libro que ya figurara en ella. Si lo pensamos, la estadística juega de mi parte. ¿Cuántos libros se editan al año? ¿Cuántos desde que Guttenberg mandase al paro al sector entero de los copistas? No suelo ceñirme a novedades, así que ¿qué probabilidad había?

Vuelve la imagen de aquellos dos hermanos con sus pagas de dos semanas en el bolsillo de la trenka manoseando libros de la colección Reno. ¿Estaban ya los de Bruguera en el estante de atrás? Puedo recordar muchas otras ocasiones buscándole libros aquí y allá. Me gusta perder el tiempo recorriendo lomos, abriendo volúmenes, leyendo párrafos sueltos. Sólo cuando tengo prisa o me duelen ya los ojos sin encontrar nada que llame mi atención acudo al dependiente con la esperanza de que sea librero y no vendedor de libros. ¿Cómo se llamaba aquel tan malencarado de Mignon en Cádiz? No era del tipo sociable como los de Praxis, en Algeciras, que te invitaban a café si era la hora y no había mucha gente, pero tenía una memoria que aunaba lo fotográfico con lo enciclopédico: ‘¿El asno vio al ángel, de Nick Cave?’ Pregunté convencido de que no tendrían algo tan peregrino. ‘Editorial pretextos, cubierta morada, por allí, en Narrativa Internacional’, contestó sin pararse. Qué máquina. O los comprensivos y pacientes libreros de la librería frente a Bellas Artes en Sevilla, siempre dispuestos a buscar una edición más barata si la hubiera, y a dejarte ojear largo rato aquellos que no podías pagar. Qué apañados. O los jóvenes pero sobradamente preparados de FNAC.

Libreros. Gente de libros. Luego están los vendedores de libros, que son gente de caja rejistradora.

‘¿Algo de Ayala?’, pregunté ayer faltando a mi costumbre de curiosear anaqueles. Se giró a la pantalla de su terminal: ‘¿Sabe el nombre de pila?’. ‘Ejem… Francisco. Francisco Ayala’. Tecleó en la base de datos. ‘¿Algún título?’. ‘La cabeza del chivo‘, me equivoqué. No me corrigió. Cualquiera de los anteriores hubiese dicho: ‘…del cordero’. Ella no, pero hizo varios intentos antes de rendirse. ‘Si hay algo estará por aquí’, dijo acompañándome al estante de clásicos. Qué mona.

No estaba allí, así que le eché un vistazo a las mesas de novedades. Qué desolación. Qué de derechas es El Corte Inglés, amigos. Es algo que atufa especialmente en las secciones Vestir y Librería. Electrónica y Fotografía son más asépticas, Menaje del Hogar se escora con cierta claridad, Deportes empieza a ser territorio hostil, pero te acercas al textil o a la palabra impresa y es que tumba. Entendámonos: la libertad de expresión es sagrada, y una tienda se expresa a través de su selección de mercaderías. Pero el cliente también goza del mismo privilegio, que manifiesta llevándose su dinero a otra parte, por ejemplo, o reseñándolo en su blog. También creo necesario aclarar que nada tengo en contra de la buena literatura de derechas, que la hay y mucha. ¿Qué voy a tener yo en contra de Borges o de Pessoa? Lo que me resulta difícil de tragar son esas panoplias repletas de demagogia revisionista, análisis ramplones, conspiranoias insostenibles y gracietas de señorito, reunidas todas para deleite del lector poco exigente pero muy de derechas, oiga.

Tal era el panorama que me recibía en la sección de libros de ECI, que además estaba en proceso de remodelación, como si quisiera joderme la tarde. Abandonada mi primera intención (Ayala, os recuerdo) y espantado por las mesas de novedades, avancé a tientas. Coño, ¿otro de Dan Brown? Qué rápido escribe ese hombre, y sin comerse las tildes ni nada. Huy, y más de vampiros en la edad del pavo. Virgen, ¿en serio piensan vender esa enorme pila de Larsson?

La verdad, cuando divisé en lontananza las encuadernaciones siempre reconocibles de Mondadori y Anagrama me lancé a aquel pasillo como quien se acoge a sagrado. Aquella librería había quedado reducida a una superficie habitable de dos metros cuadrados. Claro. Ahí está. La probabilidad en mi contra ahora. Cuando tienes a tu disposición la Historia de la Literatura puedes tomar dos volúmenes cualesquiera sin mirar y la probabilidad de que José Araújo los haya leído es mínima. Si cuentas sólo con dos metros cuadrados y dos editoriales… elimina los que sabes que ha leído y los que sabes que no le gustarán y la cosa queda en… en dos libros que ya ha leído.

Qué de derechas es también ECI en eso. Qué entrega al libre mercado. ¡Compren terror adolescente y policíacas suecas, que me las quitan de las manos, señora! Y mira que lo avisó Cervantes: cuidado con la mala literatura, que nos hace interpretar erróneamente la realidad y temer a los molinos de viento, a los vampiros, a las punkitas pirómanas y al Estado intervencionista en lugar de a los morlacos de carne y cuernos que hay por ahí sueltos y forrándose a tu costa. Es la fea tendencia de la que hablaba. La uniformidad mediocre del best-seller está arrinconando en la librerías a la literatura. En el ecosistema de papel y tinta actúa como especie oportunista que, libre de sus depredadores naturales, se reproduce sin medida y se alimenta sin tasa, acabando con los habitantes originarios. Si creyera en esa pamema del diseño inteligente tendría que achacarlo a una conspiración, pero habiendo sido educado en Darwin lo interpreto como un nuevo desmán de la mano negra, nada oculta pero estúpida, del mercado omnipotente.

¡En fin! Que voy a ver si me cambian los libros por un par de zapatos y me voy a buscar algo decente a la Casa del Libro o a FNAC, que venden por Internet. Sin ir más lejos.

Qué de derechas es todo, coño.

Feliz día del libro

James Graham Ballard

El día del libro es una celebración catalana que la UNESCO ha extendido por todo el mundo (ejem) con una coletilla que hoy día puede levantar más de una ceja: Día mundial del libro y del derecho de autor.

Pasaremos hoy discretamente sobre la cursiva, que tanto daría para discutir, y obviaremos también la distinción sexista que la fiesta hace en su forma original (rosas para ellas, libros para ellos). Qué poco polémico estoy hoy.

Puestos a depurar, casi también deberíamos poner en cursiva la palabra libro. Al libro como formato, un taco de hojas impresas y encuadernadas, aún le queda larga vida pero la alternativa digital empieza a ser viable. La pantalla del ordenador sigue siendo demasiado agotadora para la lectura de textos largos, pero los dispositivos electrónicos empiezan a hacerse un hueco. No van a ser el regalo estrella de las próximas navidades. Ni de las siguientes. Pero están ya casi ahí, aún demasiado caros, aún con poquísimos títulos en español, pero casi ahí.

Me estoy imaginando la cara de mi padre al desenvolver un Kindle el día de Reyes… No, muchos lectores jamás darán el paso a digital así los desollen, pero yo mismo veía aún muy lejano el día en que le viera utilidad al lector de e-books (el diseño del libro de papel como artefacto es magnífico: barato, fácil de almacenar y manipular, sencillo de utilizar, óptima curva de aprendizaje…) y sin embargo me estoy encontrando muchas situaciones en las que leer libros en un aparato tan poco específico como el iPhone es la mejor opción: una cola inesperada, lugares con poca luz, o la más tonta, no tienes un libro a mano. En esos casos descargarte El corazón de las tinieblas y ponerte a leer ocupa menos de un minuto.

Así que vayamos a la raíz, a lo esencial de la fiesta, que no son los derechos de autor ni la patria catalana ni el libro, sino la lectura.

El 23 de abril se conmemora la fecha de la muerte de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, y la del nacimiento de Nabokov. Este año casi coincide también con la de James Graham Ballard, que falleció el pasado fin de semana. A Ballard le recordarán muchos por su obra más convencional, El imperio del sol, novela autobiográfica que Spielberg convirtió en película. Otros lo recordarán por La exhibición de atrocidades, una novela de ciencia ficción que está mucho más allá (o mucho más aquí) de la ciencia ficción. Otros por Crash, novela que anticipa el ciberpunk y que también fue película de David Cronenberg… Y a otros no les sonará de nada. Da igual. En muchas de sus novelas y relatos está la semilla de parte de la narrativa contemporánea y una radiografía de las fobias del fin de siglo. Puedes no haber leído nada suyo, pero te habrás encontrado con su rastro más de una vez en las obras de otros.

Además describe con una plasticidad envidiable.

Así que he elegido una recopilación de relatos suyos como primer regalo de este Día del Libro. Sí he dicho primer regalo, porque hay dos. Uno de ficción y otro de eso que las editoriales llaman tan ambiguamente no ficción.

El segundo me llegó hace unos días de parte de Manolo López Vera y me parece de lo más oportuno por razones que no hará falta explicar. Se titula La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla. Sus autores, Juan Torres y Alberto Garzón, renuncian a sus derechos en una versión resumida y el colectivo Attac lo edita y distribuye gratis en pdf. Menos de cien páginas con argumentos claros que, entre otros, derriban el mito de que ‘nadie predijo esta crisis’.

Son los dos últimos libros que he descargado al iPhone, por si me da un apretón de leer. Se acabó el leer las etiquetas del champú en el baño. Viva la biblioteca de bolsillo.

Feliz día del libro.

Descarga tu regalo

Si usas iPhone también deberías descargar este lector: Stanza

Actualización 2 mayo 2009

Algunos enlaces extra sobre Ballard:

New Thing . Wu Ming 1

Me entero por el Twitter de Pedro Jiménez que hay nueva novela de Wu Ming 1 traducida al español: New Thing [pdf].

Wu Ming 1 es uno de los integrantes del colectivo Wu Ming, escritores italianos que suelen trabajar colectivamente aunque no en esta ocasión. Proceden del nombre colectivo Luther Blisset, muy conocidos en el activismo político y cultural italiano, y tuvieron un importante éxito editorial con su novela histórica Q.

Algunas de sus otras novelas, traducidas al español, se encuentran  en su web oficial.


Otros enlaces