26/03/2015

Crónica de una conspiración fallida

Se cumplen diez años del inicio de la gran mentira mediática, del germen de una falsa conspiración que llenó páginas de periódicos y horas de tertulias. Me refiero a la teoría de la conspiración del 11-M que ciertos medios y profesionales de la información defendieron hasta la saciedad mientras, a cada línea, a cada comentario, se iba haciendo añicos la deontología periodística de quienes, con inusitada pasión, la alentaron.

vía Crónica de una conspiración fallida.

Prensa higiénica

Mi abuelo, cuando yo era un crío, compraba el ABC. Después de leerlo lo cortaba en tiras sorprendentemente regulares que pinchaba en una alcayata del retrete. Ni sé las veces que me habré limpiado el culo con el ABC.

Pues esto viene a que hay días, como el de hoy, en el que no se me ocurre un mejor uso para ese papel, para dignificarlo. »

Ceuta, la prensa impresa y la LPI

Tres episodios aparentemente inconexos que dan una idea de la liquidación de las libertades democráticas a que estamos asistiendo.

  1. La Guardia Civil repele con material antidisturbios un intento de atravesar la frontera hispano-marroquí. El resultado: 15 muertos. Desde que esto ocurrió, el director general de la GC y el Ministerio del Interior han difundido informaciones contradictorias. Es decir, han mentido.
  2. El gobierno presenta una reforma de la Ley de la Propiedad Intelectual que, entre otras cosas, establece un canon para las webs de enlaces a noticias que recaudará CEDRO (la SGAE de la prensa escrita, para entendernos). Los beneficiarios de ese canon serán, como podéis imaginar, [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]. Los principales perjudicados, los medios independientes de agregación de noticias, la mayoría de los cuales, simplemente, no podrán sobrevivir.
  3. Dos de los periódicos de mayor tirada en España (El mundo y El País) nombran nuevos directores. El Mundo se deshace de Pedro J, que había puesto al gobierno de Rajoy en su punto de mira. El País hace ya tiempo que empezó a escorarse (más) a la derecha, y el cambio de dirección refuerza esa tendencia. Desde la propia redacción se han producido quejas sobre la nueva línea editorial, particularmente amable con el gobierno.

Hay dos portadas que resumen magníficamente la conexión entre los tres episodios: una infame, de El País del 17 de febrero, y otra ridícula, de ABC. La primera agita el espantajo de las hordas de africanos preparados para asaltar España; la segunda agita el espantajo de la piratería para justificar el regalo que están a punto de recibir del gobierno en forma de nuevo canon digital.

Pero vamos por partes:

La muerte de 15 personas (15 más) durante un enfrentamiento con la Guardia Civil me parece un asunto suficientemente grave y bochornoso como para que los responsables se lo tomen en serio. Y, bueno, si el índice de lo en serio que se toma las cosas el PP es el número de mentiras y tergiversaciones que le dedican (Prestige, 11M…), pues sí, parece qe se lo han tomado en serio.

Resumámoslas:

  • Primero afirmaron que no se había empleado material antidisturbios. De hecho la primera versión negaba incluso que hubiese intervenido la Guardia Civil.
  • Negaron también que hubiese grabaciones de las cámaras de vigilancia sobre el incidente.
  • Dijeron que los inmigrantes no habían pisado suelo español.
  • Cuando se hizo obvio que sí había ímágenes de vídeo, difundieron un montaje manipulado que escamoteaba lo principal: el momento en el que se producen las muertes
  • Al aparecer imágenes de africanos custodiados por la CG en la propia playa (suelo español), afirman que la frontera internacional entre España Marruecos la define la propia Guardia Civil. Toma ya derecho internacional.

Por supuesto, lo más grave es la muerte de 15 inocentes y la increíble actuación de un cuerpo de seguridad más preocupado por la inviolabilidad de la frontera que por la vida humana.

Pero además, en democracia, semejante rosario de falsedades debería tener consecuencias. Si no las tienen es en parte porque la prensa afín al poder avala al mentiroso. Un repaso a la cobertura que ABC, La Razón o El Mundo han hecho del tema sería suficientemente ilustrativo de lo que digo.

El País es el único periódico de gran tirada (El Diario y Público tienen una distribución más modesta) que desde el principio había dado espacio y credibilidad a las voces que alertaban sobre el uso de balas de goma y botes de humo, la devolución ‘en caliente’ (ilegal en España) y la ausencia de Cruz Roja o Salvamento Marítimo en la playa del Tarajal.

Pero eso fue antes del 16 de febrero. El 17 decide sacar en portada un titular: ‘30.000 subsaharianos preparan el salto a Europa por Ceuta y Melilla’, que motivó encendidas protestas de sus lectores y de parte de su redacción. ¿Ocurrió algo los días anteriores que explique este alineamiento súbito con la prensa sumisa al gobierno?

Dejemos que lo explique el ABC:

¿Que qué tiene que ver? Veamos: hasta ahora los principales medios del poder para garantizarse el favor de la prensa eran la publicidad y los consejos de administración. La retirada de dinero público para publicidad en El Mundo y El País ha supuesto una pérdida de ingresos para ambos que ha puesto en riesgo su propia supervivencia. Un palo. En esa situación, forzar un cambio de director y de línea editorial es pan comido. Si además añades una jugosísima fuente extra de ingresos en forma de canon… La zanahoria.

De eso va esto. De laminar toda discrepancia por las malas o por las buenas.

Pero es peor.

¿Quién va a pagar ese canon que salvará del hundimiento a la prensa escrita en España? Los medios se refieren al nuevo impuesto como ‘Tasa Google‘ porque es la teta más gorda, pero puede tener un efecto mucho más grave en servicios mucho más modestos (y mucho más interesantes) que Google News. Por ejemplo, en la web española Menéame. Menéame es un agregador de noticias. Los usuarios pueden enviar a la web las noticias que le llaman la atención, y votar aquellas que le parecen más relevantes. Menéame puede dar a una noticia de un medio modesto una difusión que jamás alcanzaría por sí sola. Es una forma de evitar que determinadas versiones o puntos de vista queden silenciados por la uniformidad de los medios. Y no podría sobrevivir a la aplicación de un canon como el descrito.

Twitter o Facebook también funcionan como agregadores de noticias, y si bien Facebook puede permitirse aflojar la pasta, no lo tengo tan claro con Twitter. De hecho, dependiendo de cómo quede la redacción final de la ley, incluso los blogs personales podrían ser afectados si acostumbran a enlazar a otras webs de noticias.

No es el único aspecto preocupante de una reforma que demuestra un profundo desconocimiento sobre cómo funciona la Red (o todo lo contrario). Lo peor es que el gobierno de Rajoy parece dispuesto a cargarse un sector (el de Internet, que empieza a despegar en España) para salvarle el culo a otro, el de la prensa escrita, en caída libre por un cúmulo de circunstancias que abarca desde el cambio de hábitos de consumo de sus lectores hasta sus propios errores al interpretar el nuevo medio digital, por no hablar de su alineamiento con el poder económico… pero entre las cuales, a pesar de lo que diga ABC, nunca ha estado eso que llaman piratería. Me cuesta escribirlo sin descojonarme. De hecho los agregadores constituyen en sí una fuente de tráfico hacia sus ediciones digitales. Que no sean capaces de convertir ese tráfico en ingresos sólo indica hasta qué punto su modelo de negocio está fracasando. Y eso no lo salva ningún canon.

¿Puede la democracia sobrevivir sin una prensa independiente? Estoy de acuerdo en que no, pero no lo estoy en que eso justifique el rescate a los grandes diarios que quiere colarnos el gobierno… precisamente porque atenta contra la independencia de la prensa, porque premia a los sumisos y castiga a los críticos. Hoy la independencia (al menos la multiplicidad de puntos de vista) está en otro lado, precisamente el que se intenta silenciar.
Es otro clavo más en el ataúd de nuestra democracia.

Ai Weiwei Style

Hay una anécdota que siempre me ha gustado sobre la relación entre la prensa y eso que llaman el mundo del arte. La contó Rafael Alberti hace años en televisión (sí, hace años sacaban en la tele a gente como Alberti).

Trataba sobre una visita que hizo a Picasso y que se prolongó durante una larga tarde regada con buen vino y conversación de expatriados. En un momento dado, uno de los dos mira por la ventana y advierte que hay algunos periodistas apostados a la entrada de la casa. Al parecer se había propagado la noticia del encuentro de estos dos artistas, en aquel momento en la cumbre de su fama, y esperaban para entrevistar al visitante cuando saliera. Alberti cuenta que llegaron a discutir sobre qué sería conveniente decirles. Le daba vergüenza defraudar las expectativas de la prensa reconociendo que habían pasado la tarde cantando fandangos.

Esto viene al hilo del siguiente vídeo del famosísimo artista chino Ai Weiwei. ¿Qué lectura habría tenido un vídeo de Alberti y Picasso cantando coplas? ¿Habría significado lo mismo? La diferencia entre lo trivial y lo trascendente es muy difusa. Y es justo en esa frontera donde ocurre el arte hoy día.

Lectores digitales

Me he acostumbrado a leer la prensa en pantalla, a través de Internet. Los manuales en cambio los prefiero impresos. Saco sólo los capítulos que necesito y los aguanto con una pinza junto al teclado, donde puedo anotarlos y consultarlos sin abrir ni cerrar ventanas en el escritorio. Para la literatura tradicional en cambio prefiero el libro impreso, y mejor si la edición es cuidada, el papel suave y la letra legible. ¿Y para la literatura electrónica…?

Son asuntos diferentes, implican actitudes mentales distintas. Cada medio de publicación aporta soluciones diversas a las necesidades de cada tipo de lector, y pone en manos del autor diferentes herramientas que le ayudan a comunicar mejor su idea.

La prensa digital no es simple volcado de los textos de las respectivas ediciones impresas. Es, sobre todo, rich media. Probablemente sean las aplicaciones comerciales que mejor han sabido aprovechar las experiencias de pioneros y creadores en red. El abanico de posibilidades ha cambiado el modo como seguimos las noticias. Ya no nos conformamos con comprar fielmente nuestro periódico, dirigirnos con él bajo el brazo al velador y desplegarlo como una bandera. Ahora comparamos versiones, participamos en los debates asociados a cada artículo, creamos blogs en nuestros diarios preferidos, nos suscribimos a feeds que mezclan las fuentes hasta el punto de no ser conscientes en muchas ocasiones de qué periódico estamos leyendo; o si leemos una noticia publicada originalmente en un periódico, un foro, una red social o un blog.

La primera escena retrata a un lector fiel, confiado y pasivo, que se arma cada día con los argumentos servidos por la línea editorial de su periódico de cabecera. La segunda, a un lector necesariamente crítico que ha aprendido a cuestionar sus fuentes, que aporta información, datos o interpretaciones a la noticia.

Quienes tengan edad y lleven tiempo desenvolviéndose en la red, que comparen cómo siguieron estas noticias: 23F, 11S, 11M. Oyendo música militar en la radio mientras aparecía, sólo en las capitales, aquella famosa edición de tarde de El País; consultando los diarios estadounidenses, actualizados minuto a minuto, con la radio encendida y las escenas del desastre repitiéndose en un bucle sin fin; contrastando la versión oficial con las informaciones que la contradecían, difundiendo la evidencia del engaño en los medios participativos o convocando a los más allegados (pásalo).

La evolución del lector de prensa ha sido asombrosa al amparo de los nuevos medios.

La literatura en cambio no ha sido capaz de popularizar sus hallazgos vinculados a lo digital, que los ha habido y relevantes. Los mismos lectores que han asimilado bien la estructura de base de datos hipervinculada en prensa parecen reacios a abandonar la linealidad narrativa en literatura, o a seguir una historia que se desarrolla a lo ancho y a lo largo de diversos medios.

¿Significa que son los lectores de novela, de ensayo, de poesía, más pasivos que los de prensa? ¿Persiste la reverencia al autor a pesar de los esfuerzos de las vanguardias del siglo veinte? O se está perdiendo el lector cualificado, activo, curioso, el que acude al diccionario y subraya páginas, el que entra en diálogo interior con el libro en que se enfrasca.

El último libro de Harry Potter vendió 10 millones de copias el primer día de venta, batiendo un record que correspondía a la anterior entrega de la saga. Ningún otro libro se vendió tanto ese día, ni esa semana, ni ese mes. Y eso sin haber llegado a traducirse. ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué los adultos ya no leen, que todos los chavales del mundo leen exactamente lo mismo al ritmo que se les marca, que el lector medio se infantiliza como ya ha ocurrido con el espectador de cine?

Las cifras hablan de un incremento en el número de lectores, pero ninguna encuesta muestra la calidad de esos lectores. Su capacidad para ir más allá del texto, para pedir más al libro como se pide más al periódico es una incógnita, pero ¿no es ahí, en la literatura, donde se concentran los lectores más capaces? A pesar de las cifras, no veo por qué no pueda existir un número suficiente de lectores que podamos llamar digitales, un público que demande literatura electrónica que vaya más allá del volcado de textos en formato digital.

El lanzamiento del lector de e-books Kindle pretende popularizar el libro digitalizado gracias a la tecnología de tinta electrónica, que reproduce la sensación de leer en papel al eliminar la retroiluminación y aumentar el contraste. Sin embargo, al solventar el problema del cansancio de leer en pantalla agravan otros. Este tipo de dispositivos no reproducen color ni movimiento. Sirven para leer texto digitalizado. Punto.

Probablemente haya que esperar la aparición de un dispositivo más versátil que favorezca el desarrollo y la difusión de las nuevas formas de literatura. Mientras tanto, lo más cercano a una nueva narrativa popular sigue desarrollándose en torno a la industria del videojuego.

Así que habrá que refugiarse en las PSP mientras llega algo más adecuado.